
Imágenes de muerte
La simbología y la iconografía son un recurso fundamental a la hora de encapsular conceptos, simplificándolos para facilitar su transmisión, ganando especial importancia cuanto más delicado o complejo sea el concepto al que nos refiramos, como ocurre con el caso particular de la muerte.
En todas las épocas y culturas se han desarrollado símbolos e iconos para representar la muerte, pero sin duda la simbología renacentista de la muerte se destaca como un caso particular por ser el resultado de una interesante sinergia de elementos clásicos, bíblicos y contemporáneos.
Las aves simbolizaban libertad y, en este contexto, la idea de la ascensión del alma a los cielos tras abandonar el mundo terrenal. En concreto, el jilguero se vinculaba vinculado al sacrificio y la resurrección de Cristo, pues, según la tradición, un jilguero extrajo una de las espinas clavadas en su frente durante la crucifixión. También se le relacionó con la curación de los enfermos y la redención. Otra ave que aparece de forma recurrente asociada con la muerte es el pavo real., que también se le vinculó a Jesucristo, pero a través de su resurrección. Esto se debe a que desde la Antigüedad se creía que la carne de este majestuoso pájaro nunca llegaba a pudrirse, por lo que su imagen se convirtió en símbolo de la inmortalidad del alma.


De forma similar, desde época paleocristiana, el cordero simboliza la inocencia y el sacrificio, asociado al Agnus Dei, es decir, el cordero de Dios, que "quita el pecado del mundo". Este vínculo con el Hijo de Dios liga al cordero inevitablemente con la muerte, con su sacrificio y la redención de los hombres a través de su martirio. Por el contrario, la figura de la serpiente, aunque no aluda directamente a la muerte, se convierte en el imaginario cristiano en símbolo de la tentación y la consiguiente corrupción del alma.


Fuera del campo de la mitología, otros animales que quedaron vinculados inevitablemente a la muerte fueron la rata y la mosca, consecuencia de la profunda herida que la peste dejó en la memoria colectiva: la mosca, en su relación con la putrefacción de la carne y la suciedad; la rata en su asociación con la enfermedad y una muerte indigna y dolorosa.

La muerte también encontró varios símbolos en el mundo vegetal. Por ejemplo, desde la Antigüedad perduró la idea de la flor como reflejo de la brevedad de la vida por lo efímero de su belleza. En la Antigua Roma se celebraban, además, las Rosalias o fiestas de las rosas en honor a los difuntos. En estas fiestas, que ocurrían en diversas fechas, se depositaban estas flores sobre las tumbas de seres queridos, incluso entrelazadas en forma de guirnalda.
Otra flor de fúnebre historia es el jacinto. Cuenta la mitología griega que el dios Apolo se enamoró perdidamente de Jacinto, un joven príncipe espartano de gran belleza. A su muerte, el dios lloró sobre su cuerpo sangrante; de su sangre derramada sobre la tierra y las lágrimas del dios nació la hermosa flor del jacinto.

